Acné Quístico, qué es?

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El acné quístico o cístico, la forma más severa de esta afección, se presenta cuando las células de piel muerta y las secreciones sebáceas se acumulan en forma profunda dentro de los folículos de pelo y su ruptura bajo la piel genera infecciones en forma de forúnculo.

Nadie está libre del acné. Incluso pueden presentarse casos de acné en bebés. Sin embargo, las edades más frecuentes para este padecimiento van de los 10 a los 40 años. Los cambios hormonales muchas veces provocan la aparición de esta afección, por lo que adolescentes o embarazadas suelen ser “candidatos” ideales, aunque los niños y los hombres no están libres cuando se habla de acné.

El acné cístico puede aparecer en el rostro, nalgas, ingles, axilas y otras partes del cuerpo donde la transpiración suele acumularse. Los quistes son suaves y el pus, que contiene bacterias muertas, se instala en su interior. Esto los vuelve realmente dolorosos para cualquier persona que los padezca.
Asimismo, el acné cístico puede incluir nódulos, dolorosas formaciones que se forman bajo la piel, duras al tacto. Cuando aparecen tanto nódulos como quistes, la afección se denomina acné nodulocístico.
Pese a que cualquier persona puede padecerlo, el acné cístico usualmente tiene su origen en causas genéticas. Se trata de una cuestión de herencia, pues especialmente los adolescentes cuyos padres –uno o ambos— tengan en su historia personal episodios de acné cístico, tienden inevitablemente a sufrirlo.
El acné cístico debe ser tratado lo antes posible por un dermatólogo, a fin de evitar severos brotes que pueden dejar graves marcas en la piel, además de afectar sicológicamente al paciente. Si no se trata a tiempo, las secuelas que deja el acné cístico pueden ser permanentes.

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